
1. El ecosistema chileno de biotecnología se encuentra en una etapa muy temprana: “Sólo en los últimos años, las universidades han comenzado a enfocarse más en sus capacidades de Transferencia Tecnológica, lo que lleva a un aumento lento pero visible de proyectos de Biotecnología con potencial de traducirse en valores e impactos reales para la economía. Aun así, tenemos dos grandes brechas: el Control de Calidad en los procesos científicos y la necesidad de potenciar un vínculo con la industria para enfocarse en las tendencias y necesidades actuales de los mercados”.
2. Inversión de mucho riesgo: “Si invertir en Startups representa una clase de activos de inversión de alto riesgo, la biotecnología agrega un nivel adicional. Pues sólo un número limitado de personas y organizaciones tienen el conocimiento y la capacidad para juzgar la viabilidad de un proyecto y llevar a cabo un proceso de due diligence eficiente. Sumemos a esto que los inversionistas locales están más orientados en la inversión de corto plazo (3-5 años) mientras que los emprendimientos de biotecnología requieren de más tiempo para alcanzar la etapa de ingresos o el tan ansiado Exit”.
3. Poco desarrollo real: “Tenemos casos de emprendimientos nacionales posicionados en mercados extranjeros como Proteus, Levita Magnetics, Phage Technologies o Cellus por nombrar algunos, pero debemos señalar que todos ellos se han establecido -mayormente desde sus comienzos- en EE.UU, Europa o se han desarrollado en colaboración con socios internacionales”.
4. Tenemos una ventaja a nivel latinoamericano no explotado: “Si bien, a nivel internacional, no desempeñamos un rol relevante en materia biotech, lo cierto es que dentro de Latinoamérica- tenemos un potencial clave en esta materia, pues contamos con un ecosistema empresarial sólido y un entorno económico estable. Además, nuestra ventaja por sobre otros países, es que nuestros costos son menores en materia de investigación, prototipación o validación. Lamentablemente aún no contamos con un entorno regulatorio, lo que nos significa una debilidad”.
5. Se necesita aumentar incentivos e instrumentos que alienten el desarrollo de nuevos negocios en la materia: “Dado esto, quisiera recalcar que necesitamos aumentar los incentivos, requerimos de instrumentos gubernamentales atractivos para alentar y apoyar iniciativas centradas en biotecnología y que hoy en día -a menudo- se excluyen, dado el número relativamente bajo de proyectos en comparación con los de corte tecnológico. Esperamos que con la creación del nuevo Ministerio de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación se pueda robustecer este ecosistema y transitar desde un entorno emprendedor a un impulso de la industria biotecnológica nacional y desarrollar un ecosistema biotecnológico internacionalmente reconocido que contribuya significativamente a la economía futura de Chile”.
En este sentido, Markus concluye que “Sin duda, Chile tiene ventajas comparativas frente a otros países en temas de desarrollo biotecnológico, y tienen que ver entre otras cosas con su biodiversidad única que le permite posicionarse en el desarrollo de bioproductos que impacten en el sector agrícola, minero o incluso farmacéutico. Asimismo, el desarrollo de la industria acuícola, gracias al reconocimiento que tiene a nivel internacional por ejemplo la industria del salmón, ha posicionado a Chile en el desarrollo de productos y servicios orientados a temas de sanidad acuícola o alimentación